“Mira la diferencia con ojos de niño.” Este es el mensaje que nos quiere transmitir la Associación Noémi (http://www.assonoemi.fr/) a través de este vídeo.

Aparentemente, podría parecer un mensaje un tanto edulcorado. Pero sólo aparentemente.

La Associación Noémi tiene como objetivo cambiar la mirada de la sociedad sobre las personas con discapacidad. Se proponen reconducir la mirada hacia las capacidades y la dignidad de estas personas y llevar a cabo dicho cometido movidos por el optimismo y el positivismo, lejos de la fatalidad y la negatividad habituales en estos casos.

¿Qué significa, pues, “mirar la diferencia con ojos de niño”? Después de ver este vídeo experimental, parece que significaría “ver a la persona, lo que hace, mucho antes que la diferencia” o, al menos, eso es lo que nos enseñan los niños que participan en esta experiencia.

¿Qué paraliza, pues, a unos adultos que hasta ese momento habían jugado como niños a hacer muecas sin rubor cuando descubren que la persona a imitar tiene una discapacidad? ¿Qué les incomoda? ¿Qué les inquieta? ¿Qué les mueve a mirar a un lado y a otro? ¿Qué les hace dudar sobre lo que deben hacer?

Probablemente, estas son las preguntas clave, las cuestiones de fondo, los cimientos de nuestras representaciones mentales entorno de la discapacidad. Son las preguntas que deberíamos ser capaces de responder con sinceridad y plena conciencia, antes de construir nuestro discurso sobre la diferencia.

Sólo analizando, reviviendo las sensaciones y las inquietudes que tenemos o hemos tenido ante una persona con discapacidad de forma sincera, podremos llegar a entender hasta qué punto nos incomoda encontrar en el otro una representación diferente de la esperada. Y quizás entenderemos también que la construcción de la imagen que tenemos de nosotros mismos se basa en el reflejo continuo con los que nos rodean hasta obtener una zona de confort que nos da seguridad y nos permite aceptarnos y ser aceptados.

A todo esto tenemos que añadir la educación que hemos recibido, la cultura donde hemos crecido y, sobre todo, el implacable avance de lo “políticamente correcto”, que ante la interpelación de la diferencia se encargará de paralizar cualquier respuesta considerada inadecuada o improcedente al mismo tiempo que nos bloqueará  la sinceridad y la apertura mental frente a los interrogantes. Si imito las muecas de una persona con discapacidad, ¿qué pensarán los que me miran? ¿Pensarán que me estoy riendo de ella? ¿Pensarán que soy una persona insensible a las dificultades de los demás? ¿Me recriminarán mi falta de educación?

I mientras reflexionamos sobre ello, los niños, que seguramente no se han hecho ninguna de estas preguntas, felizmente seguirán jugando.